Difícilmente podrá olvidar quien haya leído Rayuela de Julio Cortázar la magia y el encanto de la Maga. Difícilmente tampoco la revolución de la arquitectura narrativa y la concepción de la novela que supone su estructura, el hecho de que pueda leerse, como sugiere su título, en rayuela, imaginario juego de saltar de un capítulo a otro más allá, del medio hacia delante o hacia atrás, y sin embargo mantener sentido al relato, darle nuevo sentido a la vida y a las cosas, cuestionando su narración lineal, para hacer posible y con sentido las múltiples combinaciones que se desprenden de recorrerla en rayuela, entre otras, también y desde luego, su lectura lineal capítulo tras capítulo.
La migración se constituye en instrumento, ocasión y oportunidad de igualación en la igualdad entre mujeres y hombres en las sociedades de origen, lo que platea el reto de dedicarle el pensamiento y la acción necesarias para desarrollarla en toda su potencialidad, con la conciencia de que difícilmente de mejor manera podrá promoverse globalmente la igualdad, dignidad y empoderamiento de las mujeres.
La construcción de nuestro futuro empieza por nosotros mismos, no puede sino acabar en el mundo, en el nosotros que somos todos de la aldea global en la era de la globalización de la sociedad de la información, en la que navegamos todos en el mismo barco, misma nave espacial Tierra destino futuro que necesita de nuevas hojas de ruta, de una agenda global para la gobernanza global de la que la igualdad de género constituye al tiempo horizonte e instrumento de navegación.
El mundo actual es una larva que se transforma en mariposa. Esta metamorfosis del mundo hacia el que vamos pasa, inevitablemente, por la transformación global, la globalización de la economía, la incorporación de la mujer en el mundo, la incorporación de los jóvenes y la separación entre política y religión. Es necesario crear un nuevo contrato social para que la larva se convierta en mariposa y pueda volar hacia un futuro esperanzador.
En la era actual, donde el choque de civilizaciones es el eje estructurador y la clave explicativa de un sistema internacional en transformación, el diálogo de civilizaciones es esencial. El diálogo entre oriente y occidente se configura como un instrumento para evitar el choque y imponer la cooperación frente la conforntación.
El cambio en las relaciones internacionales en la zona Asia-Pacífico, junto las expectativas de realizar una simbiosis energética ruso-japonesas, pueden contribuir a acercar las relaciones entre ambos países, constituyendo en esa zona tanto un nuevo factor definidor de la seguridad como un estímulo al crecimiento en la actividad económica.
Las recientes elecciones suponen, sin duda, un gran paso en el desarrollo democrático de Kazajstán, que inicia su tercera década como Estado independiente, por dos motivos principalmente: porque concurrieron siete partidos políticos, y porque el nuevo Parlamento es, a partir de ahora y por primera vez en la historia del Parlamento bicameral del país, multipartidista.
La sociedad red, el carácter ampliable y movible del conocimiento como activo fundamental de las personas y las sociedades, la lógica de la negociación y la cooperación, la multiplicidad de las relaciones, la conformación de las guerras y los conflictos como conflicto en que todos pierden y el de la cooperación constituyen signos de una nueva era, de un potencial cambio de paradigma, de un tiempo que puede llegar a ser tiempo de paz.
El presente artículo es una aproximación a los ejes estructuradores de la construcción nacional indonesia, una aproximación a los actores que la han hecho posible y los que van a determinar el futuro y las transformaciones de Indonesia.
En el sureste asiático, el islam convive con otras religiones en sociedades que tienen en común contar con minorías étnicas chinas en las que se concentra el poder económico. En algunos casos, ésta es la religión mayoritaria, como por ejemplo en Indonesia, el Estado con mayor población islámica del mundo. A pesar de que la imagen global del islam está influida fundamentalmente por la de las sociedades del mundo árabe —u otras como Irán o Turquía— no hay que olvidar que el sureste asiático alberga una población islámica total similar a la de todo el mundo árabe y que convive con población que profesa otras religiones. Así, esta región ejemplifica la posibilidad de convivencia, y no choque, entre religiones o civilizaciones.